texto por María de la luz Rosales Lima
Julio 2020
INTRODUCCION
El 23 de marzo 2020 recibimos la indicación por parte de la autoridad de un aislamiento forzado en nuestros hogares para evitar que el COVID19 se propague en forma masiva. 1º de junio 2020 nos indica la autoridad que se iniciara la Nueva Normalidad, aun cuando estamos en semáforo rojo, por lo que el aislamiento continuó para la mayoría de las personas. Las actividades sociales, grupales, escolares, aún quedan limitadas. La pandemia del COVID 19 continua y no tenemos fecha específica para el retorno a la rutina perdida de hace algunos meses.
La vivencia de la pandemia ha sido un impacto en la mente que requiere de la reorganización de nuestros pensamientos y de un proceso delicado de decodificación y recodificación de la información que vamos recibiendo día con día. Este movimiento mental es acompañado de una intensa variedad de emociones que experimentamos desde la incertidumbre, la frustración, la ira hasta la tristeza y en ocasiones depresión.
¿Cómo es que un aislamiento que al parecer viene a ser una acción de protección genera tan diversas e intensas reacciones en cada ser humano?
El COVID19 es un virus que enferma en tal magnitud que puede generar la muerte, despertando una variedad de ideas o fantasías yendo de la incredulidad, restándolo valor e importancia, hasta el temor intensificado de tomar las medidas sanitarias con una rigurosidad que limita el actuar de las personas. Aunado al virus letal como tal, están las consecuencias de pérdida de vidas, económicas, sociales, académicas que conlleva.
Todos hemos tenido que reorganizar nuestra vida diaria a espacios delimitados. De pronto, la casa se ha convertido en oficina, escuela, guardería, restaurante, bar. De pronto las madres y los padres tuvieron que actualizarse en la tecnología para acceder a los requerimientos de la escuela y del trabajo. De pronto los hijos tuvieron que hacer uso de la sala, del comedor o hasta la recamara de los padres para realizar sus activadas escolares, para estar lo más cerca del famoso modem y no perder la anhelada señal del internet que se ha convertido en lo más preciado del hogar.
El aislamiento, en este caso, no tan solo es para proteger sino en ocasión también puede ser un caos en sí mismo, y el reordenamiento se verá complicado, aun viviéndose solo o en el grupo familiar. La función de la madre y del padre recibe una sobre demanda con un doble ataque; no he dejado de escuchar tanto en colegas, pacientes, amigos y familiares “tenemos mas trabajo”
Y sí, por un lado, los padres y madres, harán un ajuste en su mente para poder procesar los requerimientos que fuera de casa le serán exigidos, por ejemplo, el trabajo, se quede en casa o tenga que continuar laborando porque son actividades esenciales; el miedo a perder el trabajo, a que no alcance el dinero, a contagiarse se convierte en una amenaza constante. Por otro lado, reciben la demanda de los hijos y/o familiares que dependen de ellos, serán los encargados no tan solo de proporcionar los requerimientos necesarios – espacio, internet, tecnología, etc.- sino además deberán funcionar como traductores de una realidad externa que en ocasiones apabulla y confunde.
La maternidad y la paternidad es la función que se requiere realizar para que una niña o niño crezca en las mejores condiciones, dentro de éstas funciones está la de ser agentes de traducción de las necesidades físicas y emocionales que se generan dentro del mundo interno de cada hija o hijo para pueden sentirse seguros, por ejemplo un bebe que llora y no puede dormir, está diciendo que tiene una necesidad siendo la madre la encargada de poder identificarla con su voz y su cuidado para interpretarla y traducirla y por lo tanto calmarlo. O si un o una adolescente está encerrada en su recamara de igual forma la madre o el padre intentaran pensar que es un momento posible de querer encerrarse porque necesita alejarse de ellos.
La función de paternidad y maternidad en estos momentos de pandemia se ve en crisis, porque por un lado la madre y el padre tienen que vivir y tolerar sus propias angustias de sobrevivencia y por el otro lado tendrá que seguir operando, es una función que no deja de requerirse: parece que no hay descanso. Esta función que tiene sus gratificaciones también tiene sus frustraciones convirtiéndose en una actividad de alta tensión en ocasiones.
La ansiedad permea y se instala como un clima emocional sin nombre, he escuchado “es un ambiente tenso, no pasa nada, pero es tenso” o bien “solo escucho como se pelean afuera de mi cuarto”, “no puedo estar sola ningún momento porque el vecino se queja de que hay mucho ruido y le digo a Sofí que se calle mientras trabajo” “no sé qué le pasa a Julián, pero se encierra y no quiere hablar…(adolescente)”
La ansiedad es una sensación de zozobra constante, que en ocasiones va acompañada de manifestaciones físicas como taquicardia, sudoración, opresión en el pecho, temblores en el cuerpo; otras veces aparece con ideas fatalistas “y si estoy enfermo” “y si ya no salimos de esta”. Para aliviarla y no sentirla podemos hacer rutinas exageradas de limpieza, ponemos en orden todos los espacios para que nadie esté en el espacio del otro, se puede comer mucho, o dormir en exceso, tenemos reacciones dermatológicas, trastornos del sueño etc.; cada uno echara uso de recursos de la mente para tratar de no sentirla y en muchas ocasiones sin resultado, pudiendo caer en un estado parecido al juego de twister, con la posibilidad constante de caer en el vacío, en el descontrol.
Es importante señalar que la ansiedad es un afecto inherente a la vida misma, este cambio tan radical en que nos ha colocado el COVID19 es un hecho de una magnitud extraordinaria que inevitablemente nos hace vivirlo con ansiedad, no sabemos que pasara, no hay cura, se viene un ajuste a una nueva forma de vivir en el mejor de los casos.
También ante el encierro, la convivencia en un área delimitado nos hace experimentar una sensación de intrusión a nuestro espacio vital que nos lleva a reaccionar en forma diferente a cada uno al vivirse como invasión; nuestro sistema de alerta está más agudo percibimos con mayor nitidez los ruidos de la calle, las luces y los ajustes por ejemplo a la pantalla de la computadora. Las video llamadas cansan al estar haciendo un esfuerzo mayor para mantenernos concentrados a través de una mirada que esta permeada por una pantalla. A los niños pequeños se les pide que estén atentos a “la clase” pidiéndoles que se sientan “en grupo”, dice una mama “escuche cuando Sofía estaba en clase, solo eran gritos, no pudo la maestra”. A los docentes se les pide que implementen estrategias de aprendizaje, que sean creativos. A la mama se le pide que este pendiente de las actividades escolares de su pequeño de preescolar, pero ella tiene que trabajar. La noche llega y todos a dormir para un día igual “estoy harta todos los días son iguales” dice un adolescente. Las y los adolescentes necesitan de su grupo de amigos, no es suficiente la tecnología ellos requieren de salir, salir. Estas serán algunos de los pocos ejemplos de cómo se podría experimentar la ansiedad se activa porque nos sentimos atrapados y encerrados con sobre exigencias … y lo que deseamos es salir.
De igual forma o al mismo tiempo cuando hemos estado encerrados y salimos por cualquier motivo , tal vez porque lo deseamos, nos acompaña una sensación de zozobra por el temor a enfermarse a contagiarse y lo que queremos es rápido regresar a casa, he escuchado a pacientes por ejemplo decir “fui al súper y todos como si nada, sin tapabocas, sin hacer caso a la contingencia y que me regreso. La ansiedad se activa por sentir amenaza de contagio y lo que deseamos es entrar
Sin embargo, estas experiencias se verán incrementadas o disminuidas –casi negadas-, dependiendo la experiencia de vida de cada sujeto y su mundo interno, es decir, cada cabeza es un mundo y habrá personas que les haya quedado bien el encierro porque tal vez tenga una intensa necesidad de compañía, tal vez porque un pequeñito tenía miedo a quedarse solo y ahora esta con la mama todo el tiempo; o por el contrario, puede haber personas que estén viviendo el encierro como un secuestro, he escuchado: “yéndome a trabajar me alejaba de los problemas conyugales” o “yéndome a trabajar podría no convivir con mis hijos porque se me dificulta”.
La ansiedad entonces puede venir por causas externas a mi como las explicamos anteriormente, o por causas internas, dentro de mí y de mi cabeza; haciendo que una experiencia se viva y se sienta desde diferentes ángulos. Por lo que la ansiedad a veces se tolera más a veces se tolera menos.
¿De qué depende?
De la posibilidad de tolerar la espera, de la presencia dentro de nosotros de espacio para pensar en que significa esa emoción y discriminar que muchas veces obedece más a aspectos personales dentro de uno mismo, que a lo que sucede en el otro. Por ejemplo, un hombre trabaja en casa y su esposa sale a trabajar en una actividad esencial, ambos ya decidieron que medidas de seguridad sanitarias han tomado para seguir la limpieza protocolaria, la esposa llega y las realiza, pero el esposo está muy temeroso de contagiarse porque teme desde antes a la muerte, este esposo le cuestiona al entrar a su esposa si se limpió bien y duda y sale a comprobar y revisa que el gel está cerrado y, y…
Sin la posibilidad de confiar en que su esposa colaborará en la protección de ambos. Quiere decir que dentro de este esposo no hay esa capacidad de espera, no puede discriminar que es él el asustado y no ella. A veces hay mecanismos en la mente que evitan que los sujetos, identifiquen que le sucede dentro de sí mismo y el reconocimiento de esta emoción implica un enorme esfuerzo para pensar, reconocer y repensar algo diferente y nuevo de tal forma que le dé seguridad, como si dentro de él pudiera escuchar esa voz de “calma”.
Otro ejemplo será el de una adolescente demandante y celosa que ha estado más o menos bien porque el encierro le ha permitido está cerca de papá que ella adora, sin embargo, ahora que el padre reingresara por horas a trabajar, la chica empieza a manifestar ansiedad a quedarse sola… no es el COVID19, no es el contagio, sino es ella con sus dificultades de separación.
La posibilidad de discriminar, de diferenciar entre lo que es mío y lo que sucede fuera de mi es una función muy importante de la maternidad y la paternidad que a lo largo del desarrollo los hijos e hijas van incorporando dentro de sí mismos para que más tarde… puedan hacerlos por si solos. Es una construcción. Se puede iniciar con un ¿Cómo me siento hoy? Y hacer esta pregunta a los demás miembros de la familia, sin cuestionar, sin opinar y pudiendo reconocer lo que el niño o niña, adolescente, pareja sienten. ¿Cómo te sientes hoy? Pregunta simple que puede permitir detenerse un rato en la rutina diaria para mirarnos hacia adentro con honestidad: tal vez un no sé, sea suficiente, decir no sé, puede ser una verdad a una respuesta rápida como “bien, gracias…”.
En estos momentos en que la incertidumbre es el estado emocional más frecuente, la espera paciente, aunque dolorosa es la que se requiere para poder amortiguar las emociones de la familia, que son diversas e intensas. Pero debemos estar atentos a ciertos indicadores cuando observamos actuares, acciones, que son señales de alerta, ¿cómo cuáles?
Las reacciones violentas por parte de alguno de los miembros de la familia, por violencia entendemos agresiones sin sentido solo por descarga que tengan la intención de lastimar a otros; trastornos del sueño permanente como insomnio; permanencia indiscriminada en videojuegos o aparatos electrónicos; pérdida de apetito y dificultad para continuar con las actividades diarias….
Para terminar cada periodo de la vida indistintamente trae consigo una intensa ola de emociones y podría venir una: la terminación del periodo escolar y las vacaciones, a la par con el retorno a laborar en el caso de algunos de los padres o madres. Viene otro ajuste y los limites se reorganizan… tema que estaremos abordando la siguiente charla.
