Lucero Rosales Lima
junio 2008
El joven que “duda” en qué estudiar, es el joven que no tiene acceso a su propio deseo, es el joven que ha actuado en su corta vida a partir del deseo del otro. El otro padre, madre; el otro maestro, simplemente el otro. No se trata de un problema de vocación, más bien se trata de un problema de SER, se trata de un problema de identidad. Partiendo que la identidad se construye, sí, a partir del deseo de los otros, pero también del propio deseo. No es la identidad sexual, no radica en el ser hombre o mujer, sino esa identidad que se constituye antes, el SER.
La posibilidad de buscar “ayuda” en un orientador Vocacional, vuelve, entonces a re-escenificar una relación en dónde “el otro”, “el que sí sabe”, es quien determinará cuál es el interés, lo que puede hacer, su posibilidad. Pero nuevamente es otro, en este caso el “orientador”.
No hace mucho, la Secretaria de Educación Pública aumento a un año más el bachillerato, siendo uno de sus argumentos, justo la alta incidencia de jóvenes que no tenían definida aún su elección vocacional. Sin embargo, hoy en día esto sigue siendo una realidad actual. La mayoría de jóvenes que buscan la opción universitaria de ingreso a esa profesión tan anhelada, se hacen una cantidad de preguntas previas a la presentación de los exámenes de admisión: ¿Qué estudio? ¿Para qué soy bueno? ¿Qué es lo que me interesa?
Muchos, ¿la mayoría?, tiene desde antes una respuesta, respuesta que forma parte de su propia identidad. Sin embargo, un alto porcentaje de jóvenes, al acercarse el último semestre de su bachillerato se muestran angustiados porque esa respuesta no es clara, y la duda se apodera de ellos. “No sé que estudiar” se torna en la problemática central de la vida de varios jóvenes, y la opción de respuesta es la búsqueda del especialista que le ayude en ésta búsqueda, sin embargo, esto es parte de la incapacidad que el joven tiene de no asumir su propia responsabilidad, su propio deseo.
Otro momento de este cuestionamiento, se da una vez emprendida alguna opción profesional, es decir, en los primeros semestres de la carrera y observamos cómo jóvenes se dan de baja de la facultad que habían elegido, experiencia que vivencian con sensación de fracaso. Finalmente, en el peor de los casos, existen jóvenes que, ya habiendo terminado su carrera universitaria, deciden no ejercerla, bajo el argumento de que no era lo que esperaban; pero el concluirla se convierte en una opción, un reto por lo menos en una posibilidad.
Cuando escuchamos a estos jóvenes, cuya elección vocacional de convierte en des-orientación, se observa en ellos una ausencia de deseo en forma general. En No-SE no tan solo se centra en la imposibilidad de elección profesional, sino que el espectro se amplia a toda su persona. La presencia de desánimo, la ausencia de deseo, el requerir que otro se haga responsable de sus decisiones son rasgos comunes de una profunda dificultad en asumirse como sujeto independiente, como sujeto “siendo”, es decir, con una identidad definida y particular que le permita decidir.
¿Qué sucede con la identidad de los jóvenes cuando tienen que buscar que otros, le digan que “ser” ¿Qué sucede con los jóvenes cuyo deseo esta más en el deseo de los padres?
La palabra vocación, viene del latín vocatio-onis, que significa acción de llamar. Se referirá entonces a ese llamado interno, a ese llamado que esta junto con el deseo, a ese llamado que vive junto con la identidad.
