Por Jovani Rafael Calvillo Rodríguez
Enfermar constituye una de las experiencias vitales más difíciles por las que atraviesan las personas a que produce cambios en la relación consigo mismo con la familia y con el entorno en el que uno se desenvuelve y muchas veces el sufrimiento si se puede llamar así crece cuando esta persona es internada o se encuentra en una fase crítica de su enfermedad.
Pero para poder hablar de enfermedad es necesario hablar de cuerpo el cual es visto como un conjunto de órganos, sistemas inmersos en una masa y más que una masa constituye la relación con los otros y a la vez con tu propia historia.
Cuando el niño presenta una enfermedad terminal como el cáncer, lo primero que se ve afectado es el cuerpo en lo real, hay un cuerpo dañado, lastimado, picado el cual causa un sufrimiento psíquico y real. Sea la enfermedad terminal que sea se encontraran ante mutilación, biopsias, aspirados, piquetes, heridas, HUELLAS EN EL CUERPO, es un cuerpo en el que se implican agresiones para su curación.
Es en el cuerpo donde se repite aquello que porta la muerte, confiriéndole la cualidad de siniestro, es ahí en ese cuerpo donde la muerte está en juego
Los gritos, los enojos, la angustia y desesperación que el paciente puede manifestarse vivo y aferrarse a seguir viviendo aun cuando los otros tratamos de negar la palabra muerte (dolor). Borramos tal hecho (negación) que el sujeto queda expulsado del mundo simbólico y tratado como sujeto que no debería de articular una demanda, o pedir ayuda, es decir, se les pide a los enfermos que renuncien a los gritos, que se pacifiquen, que se entreguen a la muerte sin luchar cuando la mayor lucha es la que se vive en el interior.
Cuando la representación de la muerte adquiere carácter traumático, el sujeto expuesto a un dolor psíquico intenso destroza espacios internos representacionales y se sumerge en el campo de lo irrepresentable y que solo se representa mediante la palabra.
Lo que tiene que triunfar es la pulsión de vida. en su transcurrir hacia nuevas catectizaciones más positivas. La elaboración es un trabajo que se le ofrece tanto al que va a morir como al aún viviente. Ir elaborando la muerte no implica derivar el exceso de carga y ligar con asociaciones las representaciones y los afectos vinculados a ella. Implica tomar conciencia (insight) y reordenar los senderos psíquicos de tal manera que se produzca un cambio psíquico. Desde esta perspectiva elaborar quiere decir resolver, solucionar un atascamiento psíquico que deriva en síntomas y malestar. Es transformar, captar nuevas conexiones en el marco del vínculo transferencial cuando hay un tratamiento en marcha.
Lo único que queda es simplemente un abordaje clínico que permita al enfermo terminal tener un espacio en el que él pueda sostenerse de algo de lo simbólico que lo anude al deseo de vivir aun en su dolor y sufrimiento.
Es prestar al otro enfermo el propio cuerpo, a veces sin emitir palabra alguna, sino con silencios y presencia, para sentirse dentro del lazo social;
Es estar del lado de la escucha para propiciar que lo intolerable sea transformado mediante las palabras.
