Señales de alarma en la adolescencia
Lucero Rosales Lima[1]
En la adolescencia es esperado un movimiento telúrico intenso en la mente que se manifiesta en conductas, emociones, acciones, pensamientos de diferentes intensidades dependiendo la individualidad de cada uno de ellos. La intensidad del movimiento emocional que se vive en la adolescencia variara dependiendo del acomodo de algunos factores que podríamos decir predisponen a que la adolescencia sea más conflictuada en unos chicos que en otros.
Este movimiento telúrico adolescente requiere de espacios para que los daños que se generen no destruyan, sino que favorezcan la construcción del camino hacia la identidad adulta. Hablar de telúrico, destrucción, construcción es una forma de describir la fuerza emocional con la que tiene que lidiar el y la adolescente. La presencia de los padres y madres no es la misma que en la infancia, nos exige tener un plan de contingencia para el acompañamiento a nuestros hijos; la escuela se convierte en la depositaria de los conflictos que vive el adolescente y en el espacio óptimo para tramitarlos y colaborar en esta conformación de la identidad adulta.
Hace más de un año la problemática adolescente no había contemplado la existencia de una realidad externa que dificultara aún más el transitar adolescente hacia la adultez: la pandemia. Ahora nos toca reunirnos como lo estamos haciendo para pensar juntos sobre el o la chica que tenemos en casa, nos toca hacernos preguntas, docentes, madres, padres, adultos alrededor de la vida de los jóvenes para poder re-conocer a nuestro hijo/alumno y cuestionarnos “su como ésta” “como se la está pasando” “como está lidiando con el hacer amigos” “como está lidiando con su cuerpo” Aca encerrado, solo en la computadora, sin ese grupo de amigos tan añorado y esperado …
Observando a nuestros hijos/alumnos
La vida emocional de los adolescentes la he llamada telúrica, por lo que es importante estar cerca de ellos y ellas, supervisando y cuidando. No como se hizo con los hijos de la infancia (kínder, primaria) sino más alejaditos, pero a la vez cercanos; no con prohibiciones sino con limites; no en forma autoritaria sino con firmeza. Hablaremos de algunos indicadores de la adolescencia[2] que podemos considerar como señales de alarma para estar atentos a aquello que el chico o la chica no pueden poner en palabras, pero que SI nos los muestran de otra forma y tomar acciones para apoyarles.
Uno de estas señales es lo que llamamos como “conductas regresivas” déjenme explicar, acceder al torbellino adolescente (sexualidad, emociones, relaciones) genera un gran temor interno que muchos chicos y chicas prefieren regresarse a etapas más infantiles, podemos ver a nuestro hijo actuar como el hermano menor, celarlo, estar más interesado en deberes escolares que en los amigos, comportarse como si fuera chico. Es muy común ir de la adolescencia a la infancia una y mil veces: ir y venir es un continuo que permite al adolescente desprenderse la infancia poco a poco vitalizándolo hacia la búsqueda de la identidad adulta.
Lo más importante es que no se detenga este movimiento, porque es una señal de alarma este regreso a la infancia cuando está siendo rígido, es decir, el chico se comporta más como un “niño adulto responsable” dándole prioridad a la escuela, a los deberes de mami, papi, maestra, en muchos casos “conviene” a padres, madre o docentes porque son alumnos que no generan dificultades, pero llama la atención su seriedad y formalidad. Esta es una estrategia que el chico emplea al verse asustado ante los torbellinos adolescentes, no puede separarse de los padres, no encuentra otras formas de integración hacia la comunidad adolescente.
Hemos hablado de la importancia de la comunidad de amigos en la adolescencia porque su presencia permite que a través del grupo el chico o chica viren la dirección de su mirada a pares que le permitan la separación de los padres facilitando el tránsito hacia la identidad adulta; este grupo de amigos es una forma de conocer otras vías de mirar al mundo diferente a la que habían conocido hasta el momento. El grupo de amigos hace que los chicos se confronten con los padres porque empiezan a pensar en forma diferente a ellos. Discutir y confrontarse estando en desacuerdo con los padres les permite separarse; un adolescente que sigue preocupándose por lo que dicen los padres más de lo que dicen los amigos es un signo de alarma, de igual forma lo son las elecciones de “amigos” que lo que hacen es perpetuar la infancia
Para la vida emocional es muy importante no tan solo expresar los afectos sino también que éstos correspondan al evento que los puede genera, hay chicos que se les dificulta expresar afectos, no se sabe si están felices, tristes o enojados; otros tienen el mismo tipo de reacción afectiva para diferentes eventos por ejemplo “se enojan por todo, por si les va bien, o les va mal”. Los eventos que suceden en vida que son significativos generan afectos diversos, la desilusión, el fracaso, la muerte, la enfermedad deben provocar reacciones especificas en el adolescente- Los sentimientos fuera de lugar, por ejemplo, ante la pérdida de una familiar por pandemia supondremos dolor y llanto y no risas e insistencias en querer salir. O a menudo se pueden observar reacciones o sentimientos inapropiados en escuela: el adolescente que no aprueba un examen importante y no puede mostrar decepción; o, por el contrario, el adolescente que después de reprobar un examen, permanece deprimido durante semanas. Estos afectos “fuera de contexto” hay que considéralos como un signo de alarma.
También es cierto que algo característico de los adolescentes es la vitalidad y el deseo de curiosear por lo que es muy significativo observar a los chicos y chicas aburridos, apáticos, sin deseos de hacer conocer y hacer cosas nuevas. Hay que diferenciar este ánimo y no confundirlo con el alejamiento del adolescente y su encierro en donde lo atemporal se convierte. Este rasgo puede estar presente en este momento del confinamiento. Puede ser que esto disminuya cuando se reencuentra con amigos, pero en caso de que no suceda así, que la apatía y el aburrimiento sean un afecto permanente hay que pensarlo…
Todos los adolescentes, por ejemplo, normalmente se preocupan por sus cuerpos cambiantes, cómo se ven y cómo se sienten al respecto. Pueden preguntarse si sus cuerpos son demasiado grandes o demasiado pequeños, si son guapos o feos. O les puede caerle mal un maestro, o un compañero. Este tipo de preocupaciones son normales, aunque los papas pueden llegar a pensar que su hija o hijo pierden demasiado tiempo tratando de verse bien o de tratar de arreglar al mundo que viven injusto.
Pero hay que estar atento cuando estas creencias sobre cómo ven al mundo o se ven a sí mismos se pueden instalar como creencias rígidas haciendo que se interfiera su juicio generando problemas de adaptación, por lo que podría ser una señal de alarma.
Los adolescentes tienen una mente llena de fantasías, fantasías sobre la sexualidad, sobre la paternidad y la maternidad, sobre las relaciones interpersonales, sobre el aborto, la masturbación, sobre su cuerpo etc. Estas fantasías dada su intensidad generar muchos sentimientos en los jóvenes, que temen o se avergüenzan de tenerlas o de pensarlas, sintiéndose en ocasiones enloquecidos porque aparecen en su mente generando mucha culpa, optando por una serie de mecanismos para evitar tan solo percibirlas de alguna forma. Algunos adolescentes llegan a renunciar a cualquier fantasía que tenga sobre su cuerpo, sobre los padres, que tratan de comportarse como si no tuvieran ningún sentimiento sobre ellos.
También hay que estar atentos a cómo perciben el futuro que es algo que les preocupa mucho a los adolescentes, muchos de ellos dicen que no desean crecer porque no quieren dejar el confort de la infancia. El futuro al ser impredecible agobia, pero al mismo tiempo anima y vitaliza, es una señal de alarma cuando el futuro es visto como algo terrorífico que nos les permite crecer o bien no les importe, porque los puede paralizar, detener y evadirse.
Estos son algunas consideraciones sobre algunos signos de alarma que hay que tomar en cuenta, sin tomarlos como un listado rígido o una lista de chequeo sobre el desarrollo de nuestro adolescente. Sin embargo, hay que considerar un aspecto más importante y que no corresponde al adolescente propiamente dicho y que son nuestras propias reacciones al adolescente que en muchas ocasiones las usamos para comprenderlo, pero el problema es que nos regimos por las emociones de nosotros y no por lo que el adolescente expresa, o necesita.
Nos toca como padres y/o docentes no solo estar atentos a estos signos de alarma sino como dicen en APdeBA crear medios distintos de recepción de mensajes de vulnerabilidad entrenando el ojo para saber dónde están esos pedidos de auxilio, y con una “mirada abuenada” que tiene que ver con una mirada atenta, receptiva y sostenedora del chico, sin juicio, sin consejos, y sin con una gran receptividad.
En los talleres sobre la crianza del adolescente y el reto de los docentes estaremos profundizando más con estos temas compartiendo no tan solo las revisiones teóricas sino la experiencia emocional de estar con los adolescentes. Como dicen en APdeBA creando un respiradero emocional que permita sostenernos en este reto que es la adolescencia en pandemia.
Bibliografía
Laufer, Moses (1988) El adolescente suicida. Karnac Books. Londres
Taller Pensando juntos los escenarios escolares del COVID19. https://youtu.be/LRZlfzbMqM0
[1] Psicóloga Clínica, Maestría en Psicología Clínica Infantil, Doctorado en Clínica Psicoanalítica. Miembro fundador del Grupo de Estudios Psicoanalítico. Puebla.
[2] Laufer, Moses (1988) El adolescente suicida. Karnac Books. Londres
