Adolescente o adulto: ahí está el dilema

Luis Javier Vázquez Rodríguez

Primero quiero agradecer a las personas que nos acompañan en este momento, pues estamos en estos tiempos difíciles de procesos de adaptación, a esta nueva realidad.

Como docentes tenemos el gran reto de satisfacer las múltiples demandas para que se logre el proceso de aprendizaje, y como padres, la preocupación de poder dar a nuestros hijos lo mejor con respecto a las demandas sociales.

Es decir, cumplir con brindarle al adolescente una vida plena, enriquecida de experiencias que favorezcan su crecimiento para que se conviertan en adultos del bienestar.

Evidentemente esto no es sencillo ya que las circunstancias que estamos viviendo actualmente impide algunos de los procesos necesarios para que el adolescente se pueda desarrollarse.

Esto son el contacto entre personas, principalmente entre pares ya que de por sí, el aislamiento ofrece una salida para las vicisitudes de esta etapa.

Antes de la pandemia ya se hablaba de que el adolescente prefería estar encerrado, utilizar los dispositivos electrónicos en vez de la convivencia presencial, los celulares, las redes sociales y las nuevas formas de vincularse a través de la virtualidad.

Ahora con la obligación del confinamiento, encontramos cámaras apagadas, mucho agotamiento virtual, hartazgo con respecto a la escuela y por supuesto a la convivencia familiar.

Claro, los tiempos cambian y ahora es el regreso, no en su totalidad, pero sí de forma parcial que nos hace cuestionarnos si verdaderamente se está ofreciendo la mejor experiencia para la vida, para que el adolescente pueda salir de esta etapa y se pueda encontrar en un mundo de responsabilidad, de convivencia, de autodescubrimiento, de perseguir sus sueños, de ser proactivo y obtener una vida completa.

Antes de eso, me gustaría mencionar cuales son las características de la adolescencia, para que podamos partir de ahí y poder entender esta época, que si bien se está prolongando, y no tanto tenga que ver con la edad cronológica, si tiene que ver con un momento de salida, hacia una vida propia.

Con esto quiero decir, y mencionar la primera característica de la adolescencia, que es el apropiarse de vida, en la niñez, la dependencia de la vida familiar es evidente, pero esto no tiene que ver con una vida económica, “vivir bajo un techo” sino que el adolescente se pueda apropiar de sus propios gustos y deseos, de quién es por dentro, de su autoconocimiento, de sus emociones, de cómo experimenta el mundo y cómo se relaciona con quien lo rodea.

Por eso para los padres y docentes se ve difícil la relación, pues es una etapa en dónde las figuras adultas han caído, ya no se ve ese ideal que tenían de niños en dónde los adultos tenían razón de todo aunque solo la tuvieran por que así lo decían. Ahora ven las fallas y están buscando estas. Están buscando que el adulto se equivoque para confirmar su teoría: “los adultos son tontos, no saben nada, solo nosotros los jóvenes somos los únicos capaces de cambiar al mundo para mejor”

Y en parte me atrevo a decir que hay razón en lo que piensan. Los adultos no sabemos cómo es que ellos (adolescentes) están experimentando el mundo y qué los jóvenes si lo vienen a cambiar.

Pero el mundo cambia no de una forma adolescente, sino de una forma adulta, por eso, es que tal vez los adultos olvidemos lo que es ser adolescente, porque es una etapa que todos vivimos de formas muy distintas, bien dicen que no hay “adolescencia”, sino adolescencias. Y la finalidad de esta es acceder a una posición adulta.

Y esto es de lo que a mi me gustaría hablar, del significado de la adolescencia como la posibilidad de poder convertirse en adulto.

Me surgen muchas preguntas con respecto a eso ¿Cómo puede ser este proceso? ¿Cuál es la forma? ¿Qué es lo más sano? ¿Como padres qué tenemos que hacer, cuál es nuestro papel? ¿Como docentes, qué me toca, cómo los ayudo cuando son un grupo, cuando son diferentes cuando están solos? ¿En este momento de virtualidad, con los videojuegos y redes sociales cuál es la medida, lo más sano, lo que les funciona?

Se generan muchas preguntas con respecto a eso, seguro cada quién tendrá las suyas en sus casos particulares, y me parece que de eso se trata.

Primero ver la particularidad del caso, cada adolescente es diferente y se comporta diferente con respecto al contexto en el que se encuentra, si está con su grupo de amigos, si está con sus compañeros de clase, si está solo, si está en las redes sociales, tenemos muchos contextos.

Segundo, contactar con la propia adolescencia, recordar cómo la vivimos, si hubo tiempo para vivirla, o espacio para poder experimentarla o si fue una época abrupta, con las exigencias del ambiente para convertirse en adulto, con la relación de la propia familia, cómo fueron nuestros padres, o cuidadores en esa época y cómo nos comportamos con respecto a ellos, cómo fueron nuestros docentes, si estudiamos, si nos gustaba la escuela, si preferíamos otra cosa.

Como decía la hija adolescente de una colega “la secundaria por eso se llama así, secundaria, hay cosas más importantes”

Y en este punto, hay una gran reflexión, por que seguro los adolescentes también tienen muchas preguntas ¿qué es secundario y qué es lo más importante para la vida? Y poco a poco se irán respondiendo esta pregunta, muchas veces se pasa la vida sin respuesta y nos quedamos haciendo cosas secundarias que tal vez no sean tan importantes. Y lo importante se olvida, se deja de lado.

Creo que por aquí tenemos una pista para acceder a la vida adulta, empezar a distinguir lo importante, lo importante para cada uno de nosotros. De esa manera podemos actuar en función a eso.

Como podemos darnos cuenta hay muchas cosas que profundizar en este tema, poder ir trabajando la adolescencia no es cuestión momentánea, sino como un proceso que implica varias cosas.

Poner mucha atención, ya que no se trata de abandonar al adolescente y dejarlo que tome todas las responsabilidades de un adulto, pero tampoco resolverle cualquier situación que surja.

Estar atento a los comportamientos, a las llamadas de atención, a las diferencias sutiles dentro de lo cotidiano, pero para acompañar, para que el adolescente se vaya colocando en un lugar, porque el lugar no se asigna, se lucha por él, pues esta lucha es lo que lo reafirmará como ser humano independiente, como persona responsable.

Estar atento a que como adultos somos un ejemplo, el ejemplo de que las cosas que hacemos las hacemos con pasión y que lo que decimos es verdadero en nuestra propia historia, que sí nos equivocamos como adultos, pero que no pasa nada ante el error, que el error es lo que nos mueve a corregir, a ser mejores, a crecer como personas buscando esta vida plena.

Estar atento a que el adolescente se va a creer que lo sabe todo y que los demás no saben nada, pero cuando se den cuenta de su propio error, estar ahí para acompañarlos, para ayudarlos a corregir.

Pensemos en nuestra pasión, si somos docentes, por qué elegimos esa profesión, sobre todo con adolescentes, porque ese trabajo es muy noble, y encontramos en ellos el propio enriquecimiento. Si somos padre, poder entender que el niño o la niña ya no está, que ahora es diferente, que ahora creció el cuerpo, que le es extraño, ajeno, que las emociones se vuelven más intensas y raras, que si nosotros como adultos no entendemos muchas veces ellos menos lo entienden, porque todo lo están experimentando por primera vez y el poder convivir con ellos también impacta y nos permite ser mejores personas, mejores padres, mejores adultos para ellos.

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