Por Luis Javier Vázquez
Como bien se ha mencionado el proceso de identidad no es sencillo y nos acompaña desde el inicio de nuestra vida. Influyen los factores sociales, que nos exigen manifestar quienes somos antes de si quiera preguntarlo. Vemos en las clases de orientación vocacional o tutoría, profesores que piden a los adolescentes que definan quiénes son, cuando aún no tienen idea. Se vuelve una pregunta muy incómoda o con una respuesta fácil e inmediata sin ninguna reflexión.
La identidad, como ya se ha definido, es un conjunto de identificaciones que se van descartando o se van integrando según las experiencias de la vida. La adolescencia es una etapa muy importante para que se pueda dar este proceso.
Como podemos observar en los adolescentes, la vivencia de las experiencias puede encontrarse en los extremos, que algo suceda puede ser muy malo o si se gratifica o se logra puede ser vivenciado como muy bueno. Esto también se da en la relación con los demás, por ejemplo, cuando los papás no le dan permiso de ir a una fiesta, se convierten en los papás más malos del mundo, cuando le han permitido salir en anteriores ocasiones.
Esto también puede pasar con el grupo de pares, teniendo a los mejores amigos o a los compañeros más malos. Esto se debe a la forma en cómo se van experimentando las emociones, recordemos que en la adolescencia se viene una salida del mundo de la niñez y por tal motivo, la forma en cómo se experimentaba la vida cuando se era niño es muy diferente.
Pensemos en este cambio, un niño muy bueno, con muchas ganas de hacer las cosas, de estar ahí para los papás, se convierte en un adolescente que se encierra, que no quiere saber nada de nadie, que no entiende por qué lo obligan a relacionarse con los demás. Todo esto es un reto, es el reto de profundizar en sus emociones y enfrentar sus diferencias, ser diferente a el deseo de los padres.
Este es el lugar en el que me gustaría profundizar, la adolescencia como salida a la posición adulta y menciono la palabra posición porque como bien lo han señalado algunos autores, estas etapas de la vida no son cronológicas, si bien, están apoyadas por el tiempo y las experiencias, esto es algo muy íntimo de cada individuo, de cada persona, cada quién tiene tiempos diferentes que no necesariamente tienen que coincidir con la edad cronológica.
Por lo tanto, utilizo la palabra posición, para pensar que no es determinado, así que alguien con la edad cronológica de un adulto se puede comportar como adolescente o incluso como niño. Esto indica la dificultad que hay para poder acceder a la posición adulta, ya que, a través de la serie de identificaciones, con forme a las experiencias que se vivan se va concretando este proceso.
Entonces me surgen las preguntas ¿Cómo el adolescente va accediendo a una posición adulta? ¿Cómo las experiencias pueden favorecer para que se dé este proceso adolescente? Bueno, definitivamente las respuestas no son sencillas porque implican conectarse con la propia experiencia, es decir, recordar nuestra adolescencia y cómo esta fue atravesada.
Seguramente esto será algo interesante, volviendo a las preguntas me parece importante mencionar que dentro de esta búsqueda de identidad, el adolescente lo que está tratando de hacer es de encontrarse a sí mismo, poder experimentar y encontrarse con estos padre que estén presentes pero que no lo envuelvan en un lugar estático e infantil de lo que se espera idealmente.
Qué quiero decir con esto, que muchas veces se actúa lo que siente el adolescente a través de lo extremo, o se quiere proteger de sobremanera o se deja una libertad de desprotección donde las conductas de riesgo pueden tomar un camino primordial.
Lo que busca el adolescente es probarse ante los adultos, por eso la rebeldía, quiere pasar sobre de ellos y en parte esto se tiene que permitir, es decir, dar al adolescente un lugar, un lugar de importancia, reconociendo lo que siente y experimenta, pero tampoco se trata de dar por su lado, sino también debe de haber una oposición por parte del adulto, en dónde se pueda sentir el límite, es decir, donde pueda sentirse contenido de estos desbordes de sensaciones y experiencias que le tienen preparada la vida.
El proceso adolescente y la búsqueda de la identidad se trata de probarse ante la vida, de probar que este nuevo cuerpo es capaz de hacer muchas cosas, pero que también se puede proteger de muchas otras, de que estas nuevas ideas y pensamientos que se le ocurren, tiene un eco y son valiosas, pero que también habrá espacio para estar equivocado y que se puede corregir, sin sentirse amenazado o descalificado.
La posición adulta tiene que ver con esta mesura de haber pasado por las diversas pruebas de las experiencias tanto positivas o negativas, de haber sido valiente, pero también protegido, de entender que la responsabilidad no va porque los demás (la sociedad) lo exige, sino porque se tiene la responsabilidad de la propia vida, de responder ante ella, de ser dueño del propio deseo, y que mantener ese deseo cuesta, no es sencillo, hay muchas pérdidas y sacrificios, no se puede tener todo, pero que al final de cuenta, el sostener el propio deseo, trae satisfacciones a la vida.
El ser adulto no se trata de tener hijos, se puede tener hijos y rivalizar con ellos, tampoco se trata de tener un trabajo, se puede ser muy envidioso con los compañeros, tampoco se trata de ser mayor de edad, se puede ser un niño obediente siendo mayor de edad, pero sin ninguna creatividad.
Ser adulto es sostener el propio deseo, diferente al de los padres (o sociedad) y luchar por él aunque haya dificultades, faltas y renuncias ante eso.
