Por Lucero Rosales
La educación oficial no te enseña la educación
en el amor (…), en el respeto del otro, en el respeto de ti
Françoise Doltó 1988
El transitar adolescente conlleva una serie de retos psíquicos que se deben vivir para salir librado lo mejor posible e irse constituyendo como un sujeto “adulto”. A lo largo de este camino, la identidad que se ha estado cimentando y construyendo desde el momento del nacimiento sufre un colapso emocional, un quiebre psíquico cuyas fuentes son variadas; por un lado la participación del desarrollo biológico hace de las suyas en la pubertad por lo que el ingreso a la sexualidad inminente pone a tambalear las formas y modos en lo que el niñ@ la ha ido tramitando; y que decir de la agresión propia del ser humano, también se deviene como un volcán en erupción que las formas en cómo las ha podido contener el pequeño joven se ponen a prueba.
Durante la infancia temprana la mente infantil se vale de infinidad de recursos psíquicos para ir construyendo su identidad y sus identificaciones. Al nacer, el bebe y la mama son uno mismo, y en esa relación diádica madre-bebe ocurren procesos emocionales de suma importancia que parecen imperceptibles a la vista de los demás. De la madre, el pequeño recién nacido no solo recibirá alimentación y cuidados por parte de ella, sino también será la depositaria de sus angustias, así él bebe lanzará su llanto de dolor, angustia e insatisfacción – a la madre- creando en su pequeña mente la fantasía de que es la madre la adolorida, molesta, angustiada sin embargo es el bebe el insatisfecho, voraz, demandante y no mama, sucediendo en la mente del recién nacido uno de los primeros procesos de identificación con la madre, pero a partir de lo que el bebe deposito primero en ella.
También sucede en esta relación de uno mismo, que el bebe al lanzar en la madre su llanto, angustia dolor espera le sea devuelto en sensaciones de calma, tranquilidad y sostén; este intercambio que se da entre mama-bebe que implica lanzar-recibir-calmar será incorporado en la mente del bebe constituyéndose en otro de los cimientos de esa delicada construcción de la identidad; dependerá de cómo es que la mama le haya devuelto esa calma al bebe que tendremos bebes tranquilos y otros menos tranquilos, tendremos bebes que en la vida adulta podrán contenerse más o menos a si mismos.
Estas primeras identificaciones-cimientos de la identidad de los humanos son el sello de la feminidad que todos tenemos, después vendrán procesos de identificación con el padre que sellara nuestra masculinidad. Estos procesos complejos de intercambio intenso, profundo, delicado primero en la relación de mama-bebe, y posteriormente de la relación papá-mamá-bebé, constituyen los cimientos de la construcción de la Identidad de todo ser humano.
¿Qué es la identidad?
La palabra proviene del latín Identitas que quiere decir “uno mismo, “el mismo” y podemos acceder a ella al tratar de responder preguntas como ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Cómo soy?, seguro que ahora que escucharon estas preguntas y tratar de responderlas nos toma un tiempo para reflexionar, analizar y medio responder creo. ¿Por qué nos toma tiempo?
Por varias razones, porque cuando se habla de identidad no solo se habla de la identidad como un aspecto singular, particular, concreto y rígido; sino que se habla de una serie de rasgos que nos van definiendo a lo largo de la vida como: la sexualidad, el género, la religión, las creencias, las fantasías, adultez etc. por lo que hablamos de identidad e identificaciones que se irán integrando y desintegrando a lo largo de la vida conforme se va consolidando nuestro desarrollo, siendo un proceso que no tiene fin.
Por lo que hablar de la construcción de la Identidad adulta en la adolescencia es hablar de un largo, complejo, laborioso, doloroso camino de avances y retrocesos que requieren de varios movimientos internos. Dejar de ser ese bebe idealizado de mama/papa a ser un sujeto es una ardua tarea. El bebe luchara por ir conquistando su individualidad tratando por un lado de apegarse a la madre y al mismo tiempo desapegarse de ella, es decir, el bebe al estar en indefensión NECESITA de la madre, requiere de su cuidado, de su protección, de su amor, de su mente para constituirse como sujeto y a su vez para la conquista de su identidad deberá ir poniendo en duda la palabra de la madre, es decir, separarse de ella, alejarse, desear a otros por ejemplo vemos a pequeños niños entre los 2-3 años diciendo NO mama.
Este intento de poner en duda la palabra de la madre trae consigo angustia, angustia porque deja de estar cerca de mama y teme su desamor (vemos el ingreso al kínder en los pequeños y pequeñas), sin embargo, para ir haciéndose individuo, con su propia identidad el adolescente se deberá situarse diferente en relación a la madre y al padre. En la adolescencia, se vive otro momento de separación- Individuación, siendo la rebeldía, la forma de vestir, los amigos, el lenguaje, etc.; los modos en que el adolescente dice “no soy lo que tú quieres que sea” “no se aun quien soy, pero lo que sé es que no soy tu” separarse del mundo de los padres es un ejercicio necesario para la construcción de la identidad.
La identidad se va construyendo por un sinfín de identificaciones a lo largo de la vida (tengo gestos del tío, del abuelo), tiene aspectos solidos como son los cimientos, pero también tiene aspectos dinámicos y movibles de tal forma que se va cambiando conforme se va creciendo, así en la adolescencia se hace un nuevo replanteamiento de ¿Quién soy? y el adolescente esta justo en un momento de la vida en donde sus identificaciones se ven altamente sacudidas, ellas y ellos se preguntan ¿quiero seguir siendo una linda nena o nene? ¿quiero seguir nadando en el equipo jugando futbol? ¡no sé por qué mi mama me engaño diciéndome que era muy linda y no lo soy! es decir, a través de preguntas y sus respuestas el adolescente se desilusiona de los padres por lo que las identificaciones que había tenido en la infancia posiblemente alrededor de las figuras materna y paterna se verán zarandeadas y girando su mirada a buscar a otras personas con las que quiere identificarse.
Para comprender la vulnerabilidad y fragilidad de la identidad en la adolescencia, dice Doltó, que pensemos en la imagen de las langostas y los bogavantes, estos crustáceos marinos que cuando pierden su concha se ocultan bajo las rocas para poder segregan una nueva concha y adquirir defensas, los bogavantes y langostas al estar sin concha quedan expuestos y son mucho más vulnerables a cualquier tipo de golpe quedando heridos para siempre, podrán tener un nuevo caparazón que recubrirá las heridas y las cicatrices pero no se borraran. Esta es la misma suerte que corren los adolescentes ante la caída de las identificaciones con los padres, quedan al descubierto en tanto arman una nueva identidad y salen en la búsqueda de nuevas identificaciones… mientras quedan vulnerables.
Dice el doctor Zuliani que “entre la caída de las identificaciones con los padres y el tiempo que toma en ir construyendo otras – identidades- hay un intervalo que es aterrorizante”, es decir, al igual que las langostas al estar debajo de las rocas sin caparazón-identidad, el adolescente entra en un estado de terror porque no hay referentes, ya no hay a quien parecerse y mientras buscan o aparecen otros modelos a seguir se quedan a la intemperie vulnerables.
Para finalizar quiero comentar que todo se tambalea cuando el adolecente se cuestiona sus identificaciones, esas que ha estado construyendo a lo largo de su corta pero intensa vida, la identidad cimentada desde el nacimiento entre más sólida mejor soportara las desavenencias del camino hacia la construcción de la identidad adulta.
Dolto, Françoise (2004) La causa de los adolescentes. Editorial Paidós. México.
Zuliani Conrado y otros (2019) Identidad e Identificación. Vértices psicoanalíticos, sociales, culturales y neurobiológicos. Instituto Universitario Eleia. México D.F
