Rocio Burgos Ochoategui
La familia como todos los seres vivos, crece, cambia y se transforma.
A lo largo de la historia, observamos como hordas, tribus y clanes fueron estableciéndose en territorios y con ello dedicándose al cultivo de plantas, la caza y la agricultura.
Maturana ( 2008 ) piedra angular de la terapia familiar, señala que la familia ancestral se formó hace 10 mil años , cuando grandes grupos, ya asentados, redujeron su tamaño permitiendo así, la cercanía y la permanencia entre ellos. Este gran progreso hizo posible el surgimiento del lenguaje, al verse reconocidos como seres humanos a través de la mirada del otro.
A partir de este reconocimiento la familia adquiere un lugar importante en la primitiva sociedad no solo como un grupo de personas unidas por lazos consanguíneos que proporcionan alimento, techo y vestido a sus miembros, sino también por la importancia y calidad de sus funciones afectivas, que implican el sostén emocional y garantizan el sano desarrollo psicosocial del individuo.
Lo anterior, es muy importante tenerlo presente en el siglo XXI cuando nos encontramos con una variedad importante de estructuras o tipos de familias, en donde las funciones familiares se ponen en duda o fallan.
Es verdad que la familia cambia dependiendo del contexto donde se encuentre; factores económicos, políticos y sociales la moldean y someten a retos ante los que la Terapia Familiar interviene.
Diversos autores han señalado las crisis y transiciones a lo largo de su historia.
Whitaker (1982) importante personaje en la terapia familiar puntualiza que lo peor de una familia es: “no tenerla”
Por otro lado, Minuchin (1983) sostiene que no es fácil conocer el interior de una familia, ya que una cosa es el exterior o la fachada y otra, la dinámica oculta en la que el terapeuta interviene con el fin de modificarla promoviendo mejoras en la comunicación y en la flexibilidad de las reglas para un mejor funcionamiento de sus miembros. Las reglas familiares definen cómo y de que manera se relacionan los miembros, que se dice y se hace y que no se dice ni se hace. Las reglas tanto explícitas como implícitas, se transmiten a lo largo de varias generaciones, de igual manera también se transmiten mitos y creencias (Andolfi,1989)
Decimos entonces, que la familia es el núcleo, corazón o crisol en donde el individuo nace, es sostenido o nó para su crecimiento físico y también emocional, se desarrolla por lo menos en 3 generaciones, y aprende estilos de relación que reproducirá mas adelante en su vida.
Por su parte, Estrada (1982) en su libro El ciclo vital de la Familia, puntualiza que la familia atravieza distintas etapas:
- Formación de la pareja.
- Llegada de los hijos.
- Hijos pequeños.
- Adolescencia
- Hijos en proceso de emancipación.
- Nido vacío.
Cada etapa está interrelacionada con las siguientes, pero no en una forma lineal.
Combrinck-Graham (1985) señala: “La vida de la familia no es lineal: no comienza en un punto determinado, como lo sería un matrimonio, ni termina con la partida de los hijos o con una muerte. El movimiento de la familia a lo largo del tiempo se describiría más correctamente como cíclico, o bien como una espiral, puesto que las cosas no se repiten como fueron. De esta forma podemos observar como la adolescencia de los hijos coincide con la revaluación de los 40 (mediana edad) de los padres.
También se observa en la espiral, cómo en los primeros años de vida de la familia, los miembros se relacionan de manera más estrecha, las fuerzas primarias familiares son centrípetas, no así en la adolescencia en que los miembros familiares se separan unos de otros y operan las fuerzas intrafamiliares centrífugas. Así la familia oscila entre una forma
centrípeta, en la que sus miembros se orientan principalmente hacia adentro, y otra centrífuga, en la que sus miembros se orientan más hacia intereses extrafamiliares.
La adolescencia ocurre cuando la familia está pasando por el período mas centrífugo, cuando los miembros de cada generación están mas interesados en sí mismos.” (pag 171- 173)
Desde mi punto de vista como terapeuta familiar, esto es lo que sucede en el cortometraje, entre “el sueño de Simone” y la realidad…
¿Y cuál es la realidad? Interesante propuesta del director …
Como podemos observar, Simone es una chica adolescente introvertida, misteriosa y sola. En la dinámica familiar se percibe la distancia entre sus padres, quienes ya están separados. El padre se advierte poco afectivo. Habla serio con ella, le pide que se apure o llegará tarde, le da órdenes de cuidar la cámara, dar un beso a la madre, y se despide de ella con una palmada en la mejilla. Solo le deja una nota a la madre explicándole que llevaría a Simone a la estación y que arreglarían la fuga de agua… La madre alcohólica y con un cuadro depresivo, deja a Simone sola. Los dos la dejan sola…
La relación con su madre es más cercana, o Simone quiere que sea más cercana, es ella quien intenta protegerla, ayudarla. Le dice “sigue durmiendo yo haré que sueñes bién”. Aquí se cambian los roles, es Simone quien protege y no la madre. En la dinámica familiar cuando un hijo toma el lugar de los padres es sinónimo de disfuncionalidad.
Simone en su sueño, con sus pantuflas o zapatillas puestas, se sube al autobús escolar hacia su destrucción.
La madre despierta y la cree muerta … Pero Simone la rescata, se rescata… está viva, en el sueño o en la realidad?
Finalmente, Simone le expresa su necesidad a la madre: “te hecho tanto de menos” La madre reacciona, le pide perdón y le promete cambiar. ¿Sueño o realidad?
La historia de Simone es común, muchos adolescentes transitan solos esta etapa, ya sea por lo que se mencionó anteriormente de que los padres se encuentran en su propia revaluación de la mediana edad, aunado a la etapa que viven con sus propios padres (abuelos) ya mayores y enfermos.
La pandemia del covid-19, dejó a muchos adolescentes abandonados en sus propias crisis de identidad, lejos de la escuela y compañeros y aún en casa lejos de sus padres, quienes rebasados en lo personal, marital, laboral y económico también se ausentaron …
Es urgente reflexionar en la situación del adolescente en nuestros días, estar más cerca de ellos no permitir que permanezcan mucho tiempo aislados en sus habitaciones y promover actividades artísticas deportivas y sociales que favorezcan su expresión.
La familia sigue siendo el núcleo, el crisol donde se forja la seguridad, la identidad, la salud de sus miembros; no importa si es de un solo padre, madre, abuelos, lo importante es que cumplan con sus funciones.
Nuestra tarea como profesionales de la salud mental es alentarlos a estar mas presente en la vida de sus hijos.
Bibliografía
Andolfi,M.(1989) Tiempo y mito en la Terapia Familiar. Buenos Aires. Edit. Paidós Combrinck-Graham, L. (1988) La sexualidad del adolescente en la espiral vital de la familia. Buenos Aires: Edit Amorrortu.
Estrada, L. (1982) El ciclo vital de la familia. México: Edit Grijalbo Maturana. (1980) El árbol del conocimiento. Chile: Edit Lumen Minuchi, S. (1983) Familias y terapia familiar. México. Edit Gedisa Whitaker. (1982) El crisol de la familia. Buenos Aires: Edit Amorrortu.
