La muerte de mi yo chiquita: Lo puberal

«A partir del trauma puberal el sujeto está
condenado a explorar”
-Mario Wasserman (2011)

Lucero Rosales Lima

Buenos días tengan todos ustedes, no puedo empezar mi participación sin antes agradecer profundamente a los integrantes del Grupo de Estudios Psicoanalíticos Puebla. Shaíque, a Isa Delgado, Sandra Herrera como participantes externas, a Fernanda Torres y Dany Cuecuecha por su apoyo en redes y difusión, y particularmente a mi colega y amiga Bety Flandes por su entusiasmo y dedicación en la organización y participación de estas VIII Jornadas sobre la Infancia y la Adolescencia. Bienvenidos sean todos.

Cuando pensábamos en la temática de estas jornadas vinculándolas al arte – especialmente al cine – y elegíamos los cortos y películas a presentar, también intercambiamos opiniones Bety y yo sobre los preadolescentes, su mundo complejo y sus emociones intensas. De alguna forma las dos presentaciones de cine que tendremos hoy están protagonizadas por preadolescentes, una chica y un chico; a lo largo de estas jornadas iremos analizando y reflexionando juntos, ustedes y nosotros a estos personajes, su problemática, su entorno, su mundo psíquico.

He nombrado mi presentación con un título que alude al sueño de una preadolescente “La muerte de mi chiquita”, esperando que a lo largo de la misma vaya cobrando sentido. Inicio subrayando la diferencia entre la pubertad y lo puberal, con el término pubertad aludíamos a los cambios biológicos que se presentan en el cuerpo del preadolescente; mientras que lo puberal es una expresión que se refiere al movimiento psíquico.

Entiendo entonces que lo puberal yace sobre los cimientos biológicos de la pubertad, implicando un intenso y arduo trabajo psíquico que preparan al pequeñ@ joven para el arribo de la sexualidad genital, este transitar va acompañado por un mundo de fantasías incestuosas, de duelos por el cuerpo y los padres de la infancia; que lo preparan para acceder al desprendimiento de las figuras parentales junto con la desidealización de las mismas, a la salida exogámica y heterofamiliar, a la creación de un proyecto identificatorio propio, es decir, al debut adolescente. Este es un transitar discontinuo y doloroso que requiere de un tiempo y un espacio para metabolizar los cambios, para explorar y experimentar nuevos mundos y encuentros con otros desconocidos.

Dinora es una pequeña de 13 años quien comparte en sesión un sueño presentándoles un extracto:

Me desperté en mi casa cuando mis papas estaban juntos, mi cuarto era como cuando yo estaba chiquita, me levante y salí, no había nadie, yo estaba sola, pero entonces alguien abre la puerta y era yo pero era un yo como cuando iba en segundo de primaria, me daba la mano mi yo chiquita y salíamos al patio de la escuela, entro al patio y cuando volteo están mis padres y mis hermanas en uno de los pasillos de arriba de la escuela y nos observaban, mi yo pequeña se pasa delante de mí y me dice que luchemos, a mí me impacta mucho eso que me dice, pero me da una patada y empezamos a pelear, (yo sabía que no quería pelear pero yo no controlaba mi cuerpo y empiezo a pelear) aparece una persona que me da un palo o una vara, lanzo la vara y veo que se convierte en una espada que atraviesa a mi niña chiquita, yo me asusto y corro hacia donde esta ella, la pongo en mis piernas y solo veo como se le van cerrando los ojos y se empieza a desvanecer junto con todos los demás, me levanto y me seco las lágrimas, me voy hacia el espejo y estaba yo.

El sueño de Dinora parece ejemplificar la diferencia que Cristina Bisson (2019) hace entre la pubertad y lo puberal, dice “la niñez estando cristalizada en una idealización puede no dar paso a lo puberal como trabajo psíquico… La pubertad, que acaece en el cuerpo, puede ser vivida como un agravio, o bien como extraña y no pertenecer al púber”

Dinora en su sueño escinde a dos partes de sí misma, su yo chiquita de 7 años quien le acompaña tomada de la mano en el camino a la pubertad siendo quien toma la delantera en la conducción hacia el crecer. Parece que el yo grande de Dinora no se atreve tan solo a pelear, le duele matar a esa parte infantil del sí mismo idealizada, ante el duelo por la pérdida no solo se va el sí mismo infantil sino como dice el sueño “se desvanece junto con todo lo demás” los padres, la familia, la escuela. Dinora se encuentra al mirarse en el espejo parece que tratando de hacer una integración del sí mismo infantil con el sí mismo actual… se despierta.

Lo puberal un recorrido teórico

Le antecede a la pubertad, la latencia, un momento del desarrollo caracterizado por la omnisciencia, la presencia de lo oculto y reprimido que prepara el camino para la llegada de los cambios que inician en el cuerpo; el pequeño latente parecer tener “un conocimiento” objetivo de los cambios que experimentará próximamente en su cuerpo, de las relaciones sexuales, pero deberá ir metabolizando esta información para que se vaya acomodando en su mente adquiriendo sentido en su propia subjetividad, y se pueda dar acceso a lo puberal.

Gilberto un pequeño de 10 años quien dice ya saber mucho sobre la sexualidad me pregunta en una sesión: Lucero cuando te salieron las bubis te salieron así de pronto verdad.

Sebastián de 12 años recostado en el diván con los brazos como almohada y las piernas entrecruzadas me dice arrogantemente en una sesión: ya se todo sobre lo que me espera en la adolescencia, aunque aun soy chico, me lo sé todo porque mi hermano mayor que ese si es adolescente ya me lo ha dicho por todo lo que habré de pasar…

Tanto Gilberto como Sebastián, pequeños latentes creen saber todo sobre la sexualidad porque lo nombran en lo concreto y eso es suficiente para saberlo, pero este saber es omnisciente, la sexualidad aún les es ajena, aun les es confusa y por lo tanto distante. Sin embargo, el ingreso a la pubertad rompe esta omnisciencia y los conflictúa.

Freud en Tres ensayos para una Teoría Sexual (1905) habla sobre la Metamorfosis de la pubertad y dice: “con el advenimiento de la pubertad comienzan las transformaciones que han de llevar la vida sexual infantil hacia su definitiva constitución normal … la normalidad de la vida sexual se produce por la confluencia de las dos corrientes dirigidas sobre el cuerpo sexual y el fin sexual, la de la ternura y la de sensualidad, la primera acoge en si lo que resta del florecimiento infantil de la sexualidad, constituyendo este proceso algo como la perforación de un túnel comenzada por ambos extremos simultáneamente”. Con este párrafo presenta su estudio sobre la pubertad, sin dejar de conceder mayor importancia al orden psiquico que se dará en este encuentro entre ambas corrientes sexuales. Continúa diciendo “como siempre que en el organismo han de establecerse nuevas síntesis y conexiones para formar un complicado mecanismo, aparece aquí el peligro de perturbaciones morbosas por defectuosa constitución de estos nuevos órdenes. El requerimiento de nuevos ordenes, con complicados mecanismos, con nuevas síntesis habla de un arduo trabajo psiquico “peligroso” que constituyen Lo Puberal con la inclusión de la excitación sexual, la diferencia de los sexos, la percepción interna y externa de los genitales, la búsqueda y elección de un objeto de amor diferente, etc

Uno de los primeros teóricos que se centró en el estudio de lo puberal es Philippe Gutton (1993) quien dice que a la fuerza cariñosa de la infancia se le suma la fuerza sensual de la pubertad, y la intersección entre ambas fuerzas no supone armonía sino más bien una “confusión de lenguas” … en donde “La pubertad se manifestaría como una fuerza de adecuación que ha retornado después del trayecto de la infancia edípica y de la latencia”. Los Laufer (1994) denominan como “Breakdown” al derrumbe psicológico generado por el impacto psíquico en la mente del joven que lo llevan a darse cuenta que las estrategias de la infancia ya no le sirven más para comprender el devenir de la genitalidad. Donald Meltzer (1998) señala que el niñ@ en latencia al “creer saberlo todo” coloca en riesgo su psiquismo por la llegada de la pubertad porque ese conocimiento omnisciente se verá fracturado. Annie Birraux (2007), dice que el cambio puberal es una experiencia nueva que no tiene detrás de ella otra similar que le prepare al niñ@ a recibirla, de tal forma que ni el desarrollo ni la maduración le previene sobre “la venida” de la genitalidad, subrayando la autora que por lo tanto se convierte en “potencialmente traumática”. Carlos Moguillansky (2012) habla de “continuidad ilusoria falsa” (experiencia única, continua y concentrada) que el Yo tiene sobre lo discontinuo de la vida; esta continuidad aunque falsa puede instalarse como un marco continente que permita que las discontinuidades propias de la vida no sean traumáticas, sin embargo, la transición adolescente – lo puberal – es una experiencia emocional intensa que puede irrumpir violentamente sobre esta continuidad ilusoria llevando a una crisis turbulenta que puede terminar en una catástrofe psíquica dando la vivencia al joven de anormal entorpeciendo el debut adolescente.

Françoise Martí (2018) remarca que el afecto depresivo puede ser considerado como parte de toda experiencia adolescente, dado que existe duelo por los objetos infantiles para que se pueda integrar la novedad puberal dando acceso a la perdida de la infancia.

Regresemos al sueño de Dinora, el cual parece entrever que el ingreso a lo puberal está siendo difícil, una parte de ella le da una patada para empezar a pelear apareciendo una vara que se convierte en una espada ¿será la espada de la sexualidad que le cruza el cuerpo? ¿la persona que se la da es su terapeuta?, la sexualidad mata la imagen infantil de Dinora entrando en pánico, solo quedan ella y su imagen infantil entre sus piernas, como dice Martí aparece el afecto depresivo dando lugar al duelo por el cuerpo infantil. La emergencia de la sexualidad (espada en el sueño de Dinora) con la fantasía subyacente pueden cobran protagonismo en la mente del preadolescente.

Uno de los primeros teóricos que se centró en el estudio de lo puberal es Philippe Gutton (1993) quien dice que a la fuerza cariñosa de la infancia se le suma la fuerza sensual de la pubertad, y la intersección entre ambas fuerzas no supone armonía sino más bien una “confusión de lenguas” … en donde “La pubertad se manifestaría como una fuerza de adecuación que ha retornado después del trayecto de la infancia edípica y de la latencia”. Los Laufer (1994) denominan como “Breakdown” al derrumbe psicológico generado por el impacto psíquico en la mente del joven que lo llevan a darse cuenta que las estrategias de la infancia ya no le sirven más para comprender el devenir de la genitalidad. Donald Meltzer (1998) señala que el niñ@ en latencia al “creer saberlo todo” coloca en riesgo su psiquismo por la llegada de la pubertad porque ese conocimiento omnisciente se verá fracturado. Annie Birraux (2007), dice que el cambio puberal es una experiencia nueva que no tiene detrás de ella otra similar que le prepare al niñ@ a recibirla, de tal forma que ni el desarrollo ni la maduración le previene sobre “la venida” de la genitalidad, subrayando la autora que por lo tanto se convierte en “potencialmente traumática”. Carlos Moguillansky (2012) habla de “continuidad ilusoria falsa” (experiencia única, continua y concentrada) que el Yo tiene sobre lo discontinuo de la vida; esta continuidad aunque falsa puede instalarse como un marco continente que permita que las discontinuidades propias de la vida no sean traumáticas, sin embargo, la transición adolescente – lo puberal – es una experiencia emocional intensa que puede irrumpir violentamente sobre esta continuidad ilusoria llevando a una crisis turbulenta que puede terminar en una catástrofe psíquica dando la vivencia al joven de anormal entorpeciendo el debut adolescente.

Françoise Martí (2018) remarca que el afecto depresivo puede ser considerado como parte de toda experiencia adolescente, dado que existe duelo por los objetos infantiles para que se pueda integrar la novedad puberal dando acceso a la perdida de la infancia.

Regresemos al sueño de Dinora, el cual parece entrever que el ingreso a lo puberal está siendo difícil, una parte de ella le da una patada para empezar a pelear apareciendo una vara que se convierte en una espada ¿será la espada de la sexualidad que le cruza el cuerpo? ¿la persona que se la da es su terapeuta?, la sexualidad mata la imagen infantil de Dinora entrando en pánico, solo quedan ella y su imagen infantil entre sus piernas, como dice Martí aparece el afecto depresivo dando lugar al duelo por el cuerpo infantil. La emergencia de la sexualidad (espada en el sueño de Dinora) con la fantasía subyacente pueden cobran protagonismo en la mente del preadolescente.

En la mayoría de los niñ@s y jóvenes adolescentes se presentan éstas fantasías y conductas en forma más sosegada donde las crisis tal vez sean más ruidosas que graves, en ellos, como dice Gutton los procesos originarios de lo puberal quedaron sepultados por la acción de procesos secundarios eficaces. De ahí la importancia de que una infancia incluyendo lo temprano y la latencia sean lo más consistentes para el devenir de lo puberal, con la presencia de madre y padre que también den acceso a este chico o chica al crecimiento, ya que no hay crisis de adolescencia que no provoque una crisis en los padres, dice Gutton que esto sucede porque “surge en el interior de la familia un amante potencial, hombre o mujer, que es el niño púber, y es por esto… que ocurre una crisis en la pareja parental” (1993) por lo cual también los padres tienen una función en este entramado.

Dice Freud (1905) La angustia en los niños no es más que nunca manifestación de que se echa de menos la presencia de la persona amada, tranquilizándose cuando ésta las acoge… continua diciendo …y precisamente al miedo no se inclinan más que los niños que poseen un instinto sexual exagerado, desarrollado prematuramente o devenido exigente por un exceso de mimo” Refiriéndose en este párrafo, a que la angustia tiene su fuente en la relación madre-hijo que oscila de la ausencia de la madre a la sobrerotizacion prematura que acompaña en ocasiones al exceso de cuidado en los niños (colecho, baño compartido, abusos, etc.)

Entonces vemos que la trama puberal está acompañada de ansiedad, de angustia cuya fuente la encontramos en la sexualidad ya que no solo alude a lo corporal sino también a la emergencia de fantasías. Cuando la angustia logra ligarse a una representación más o menos se metaboliza, pero de no ser así, parasita la mente, conduciendo a la parálisis de todo el aparato psiquico pudiéndose presentar el síntoma. Dice Annie Birraux que la angustia es un sentimiento de impotencia que asombra a la mente y duele al cuerpo, su presencia atestigua la existencia insistente de la erotización a la que el cuerpo se resiste a dejarse investir. Para esta autora la existencia de “restos del cuerpo” que han escapado a la metabolización psíquica tiraniza la mente y demandan al cuerpo. Esta es la fuente de angustia que lleva a operar defensas como la proyección y el desplazamiento instalándose fobias en el mejor de los casos o la construcción de auto caparazones.

Me parece que la crisis puberal con su acompañante “la ansiedad” puede llevar a distintos caminos, uno puede ser quedar sepultada accediendo a la adolescencia. Otro, quedarse atorada con sufrimiento sintomático y elevados montos de ansiedad como los casos presentados: Gilberto y Santi son “chicos buenos” que apoyan en todo lo que les digan sus madres, pero se les observa ansiosos y asustados; Dinora presenta ataques de ansiedad, tiene pesadillas y se entierra las uñas en sus manos al sentirse tensa; y Teresa cursa con migraña y desmayos descartándose episodios epilépticos. Y en el peor de los casos, se instalan patologías graves en donde lo sexual queda aplastado por lo violento de la llegada de lo pulsional imperando entonces la agresividad, pasando a las actuaciones como el cutting, las adicciones, el suicidio, los actos delictivos, los desórdenes afectivos, la promiscuidad sexual, etc.

El debut adolecente implica que el joven se pueda ver como un sujeto sexuado, haciendo suyo este cuerpo transformado que le permita ingresar en el recorrido hacia la identidad adulta; por lo que devenir adolescente tiene una complejidad que en lo puberal tiene su antecesor y que corresponde al orden del mundo interno y de lo intrapsíquico. Sin embargo, para que el pre adolescente y adolescente puedan cruzar este devenir tan complejo se requiere de un medio social (familia, escuela, sociedad) que le garantices que este desorden no lo desbordara.

El preadolescente y adolescente necesitan que se le reafirmen las prohibiciones al incesto y al parricidio, no de una manera verbal sino de una manera simbolizada. Dice Birraux que hoy en día los niñ@s y los jóvenes están expuestos a una proximidad incestuosa cuyos efectos no se miden, (colecho, libertad sexual, internet, separación entre padres, pansexualismo y lamentablemente situaciones como la pandemia). Se habla de los “derechos del niño” no encaminados a su respeto como sujetos como personas, sino a que se les apremia otorgándoles un poder de decisión con la consecuente confusión generacional.

Gracias.

BIBLIOGRAFIA

Birraux, Annie (2007) ¿Educar al adolescente? Por una pedagogía psicoanalítica. La ansiedad adolescente. Colección de Investigación de la niñez y la adolescencia. Champ Social Éditions. ISBN: 978-2-35371-011-9. Paris, Francia.

Bisson, Cristina (2019) Pasaje a la Adolescencia. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescente. No.24 Pág. 1-16 https://www.controversiasonline.org.ar/wp- content/uploads/2019/05/24-BISSON-ES.pdf

Freud, Sigmund (1905) Tres ensayos para una teoría Sexual. III La metamorfosis de la pubertad. Obras Completas. Volumen VI. Ediciones Orbi S.A Barcelona

Gutton, Philippe (1994) Lo puberal. Editorial Paidós. México

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Lastra A. Mag. Silvia, Saladino Graciela, Weintrau Elena (2015) La construcción de la subjetividad adolescente en la era digital. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescente. No.17. Pag.1-10 https://www.controversiasonline.org.ar/PDF/anio2015- n17/1-LASTRA-ESP.

Marty, Françoise (2017) Dependencia y depresión en la adolescencia. Revista de Psicosomática Relacional N°2 Pàg.46-52 https://asociacionpsicoanaliticamexicana.org/dependencia-y-depresion-en-la- adolescencia/

Marty, Françoise, Houssier, Florián (2007) ¿Educar al adolescente? Por una pedagogía psicoanalítica. Introducción. Colección de Investigación de la niñez y la adolescencia. Champ Social Éditions. ISBN: 978-2-35371-011-9. Paris, Francia.

Moguillansky, Carlos (2012) Las instituciones latentes y el debut adolescente. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescente. No.10. Pag.1-17 http://www.controversiasonline.org.ar/PDF/anio2016-n18/6-MOGUI-ESP.pdf

Moguillansky, Carlos (2016) Las ansiedades asociadas al debut: lo sagrado y lo profano. Notas sobre la escisión normal y patógena, el sentido común y la invención singular en el debut adolescente. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescente. No.18. Pag.1- 17 https://www.controversiasonline.org.ar/PDF/anio2016-n18/6-MOGUI-ESP

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